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Mostrando las entradas de agosto, 2025

IrĂłnicamente

Siempre regresaba a Ă©l. De una o de otra manera era mi necesidad, mi tormenta y mi calma, la droga que me mantiene alerta, mi lugar seguro donde puedo descansar, el caos emocional, el desastre mental, el abrazo reparador, que me une los fragmentos, la frialdad que odia verme llorar, el beso en la frente, la indiferencia hiriente... Él es, el veneno y el antĂ­doto. IrĂłnicamente necesito que cure la herida que Ă©l mismo hizo sangrar. Dalia Hernández  Derechos reservados  Agosto/ 2025

Mujer de mirar triste

No, mis heridas no han sanado sigo siendo la mujer de mirar triste, de sonrisa sombrĂ­a de caminar vacĂ­o. Las nubes negras  insisten en posarse sobre mĂ­, las tormentas se niegan a dejarme, me aprietan tan fuerte entre sus garras que en mi piel, han dejado marcas, y en mis ojos hay huellas de lluvias que no han cesado en varios dĂ­as, quizá, semanas. Quiero salir pronto de este cuerpo liberarme de esta prisiĂłn  que me mantiene cautiva, que lastima mi mente  y merma mi autoestima.  Quiero arrojar de una vez por todas  la carga de mis cansados hombros, o que me caiga todo el peso de golpe, sin piedad, convirtiendo mi vida en despojos. Mis piernas cada vez más  desfallecen en cada paso, porque en lugar de avanzar  es un eterno ir hacia atrás. Voy cayendo en un abismo sin fondo, me llueven preguntas a las cuales  nunca encontrarĂ© respuesta, el camino que sigo parece cubierto de abrojos, y en lugar de ver una luz al final del tĂşnel, me adentro mucho más...

La esperanza se apagĂł

No deseo venganza  porque mi alma no está llena de rencor,  estoy convencida que cosechas lo que siembras  y lo Ăşnico que yo hice  fue sembrar amor,  un amor real, desinteresado,  más allá de cualquier obstáculo. Mi alma está en paz porque cada quien da  lo que lleva en el corazĂłn,  y el mĂ­o estaba lleno de confianza, mis ojos estaban cerrados a sus defectos, mis oĂ­dos no dieron credibilidad  a chismes de terceros y de mi boca,  solo brotaban para Ă©l, buenos deseos. Al final "todo", no fue suficiente, no sĂ© quĂ© más esperaba de mĂ­... a cambio de mis sentimientos  solamente traiciones recibĂ­. No deseo venganza tratarĂ© de no guardar odio en mi corazĂłn, deseo que le vaya tan bien en la vida  que no necesite volver a mĂ­, ni recordarme  ni escribirme  ni llamarme ni buscarme  porque la pequeña luz de esperanza  que tenĂ­a conmigo  finalmente y para siempre, se apagĂł. Dalia Hernández   © Derechos reservado...

Hasta que el alma ya no duela

Voy a tratar de guardarte en mi mente  como un recuerdo bonito, como la persona que más amĂ©, a quien más extraño, a quien muero por besar y abrazar, a quien prefiero nunca olvidar. Voy a tratar de congelar en mi mente  aquella primera conversaciĂłn, el primer regalo, el primer detalle, el primer abrazo, el primer beso para encapsularlos en el tiempo. Voy a ocultarte  en lo más profundo del pensamiento  para que no te alcancen las olas  de la melancolĂ­a y la nostalgia, ni del desprecio... Quiero dejarte allĂ­  en el lĂ­mite del olvido  cubierto de indiferencia, y dejarte morir lentamente  hasta que el alma ya no duela. Dalia Hernández  © Derechos reservados  Agosto/ 2025

Con los ojos cristalinos

Hoy despertĂ© y por un momento creĂ­  que estabas allĂ­, a lado mĂ­o, como cada mañana, al abrir los ojos me encontrĂ© sola y sentĂ­ un golpecito en el pecho  mientras en mi mente  comenzaron a revivir  todos esos recuerdos  de lo bonito que sentĂ­a al verte dormir. No estás aquĂ­,  no tengo tu calor, no tengo tus brazos para refugiarme, incluso el olor a ti ya se esfumĂł. Solo me queda una habitaciĂłn vacĂ­a, triste, gris, con una atmĂłsfera de no comprender  por quĂ© fue que todo sucediĂł, por quĂ© se rompiĂł, por quĂ© la Ăşnica soluciĂłn  fue que todo llegara a su fin. SĂ© que dolerá cada amanecer sin ti, tambiĂ©n sĂ© que seguirĂ© con este vacĂ­o, con estas ganas de saber de ti  que no se esfuman, sĂ© que seguirĂ© con el alma rota  y los ojos cristalinos... Dalia Hernández   © Derechos reservados Agosto/ 2025

Un fracaso más

Todo me parece tan irreal desde que no estás, mi mente sigue pensando que volverás, que cruzarás esa puerta,  besarás mi frente y me abrazarás. Todo me parece tan vacĂ­o, triste y aburrido, no sĂ© como continuar sin ti. Me cuesta un trabajo enorme  salir de casa y pretender  que nada pasa aquĂ­. Vivo en este presente surrealista  en el cual me cuesta distinguir  lo falso de lo real, intentarĂ© no manchar con odio el amor  que alguna vez te tuve, más no lo puedo garantizar. Mis sentimientos se desbordan, estos ojos han llorado tanto  que ya no dan para más... pensĂ© que lo nuestro durarĂ­a mucho tiempo y mira ahora, eres en mi vida  un fracaso más. Dalia Hernández  © Derechos reservados  Agosto/ 2025

El adiĂłs de una introvertida

Yo no conecto con nadie... me cuesta confiar  ceder mi espacio personal, no me intereso fácilmente o pierdo el interĂ©s con facilidad. Yo no miro a los ojos  cuando alguien carece de importancia y no comparto mi tiempo  con personas que nada me pueden brindar. TĂş fuiste diferente, me enamoraste con tu sencillez, con tu supuesta "sinceridad" nunca se tratĂł solo de cuerpos, sentĂ­a que coincidĂ­amos más allá. CreĂ­ que habĂ­a tocado tu corazĂłn, quise amar, sanar y cuidar a tu niño interior, pero jamás sana lo que no quiere ser sanado, desafortunadamente, lo nuestro no fue ninguna mágica conexiĂłn. No suelo hablar con casi nadie, ni confiar, ni convivir,  pero contigo fue diferente, te dejĂ© entrar en mi mundo, compartĂ­ mi espacio contigo, el interĂ©s que sentĂ­ por ti  fue Ăşnico y fue genuino. Te quedaste en mis ojos  que no miraban a nadie más, solo a ti... compartĂ­ mi tiempo contigo, te abrĂ­ mi corazĂłn, mi alma,  y mis brazos te brindaron abrigo. Yo no conecto ...

Dolor del alma

Me dolĂ­a el cuerpo, no podĂ­a comprender que mi voz habĂ­an intentado silenciar, que mi dolor, causaba más furia, que mi instinto de supervivencia  no habrĂ­a sido lo suficientemente fuerte  para salir ilesa aquel dĂ­a. Me dolĂ­a el alma, algo se habĂ­a roto  inevitablemente y para siempre en mi pecho, me sentĂ­a flotando en partes,  tratando de armarme  para no morir en el intento. Me dolĂ­a la mente... tantas preguntas revolviĂ©ndose entre sĂ­, no aceptaba, no dimensionaba  que aquello me hubiera ocurrido a mĂ­. Me dolĂ­an los brazos, el pecho... creo que la tristeza se mezclĂł  con ese dolor inmenso, pero no el del cuerpo, era algo interno, una mezcla  de vergĂĽenza, desolaciĂłn y miedo. SĂ© que las heridas sanan, más no sĂ© cĂłmo se sana el dolor interior, no sĂ© cĂłmo se separan los recuerdos  para hacer que pese más lo malo, que lo bueno, y asĂ­ poder tomar fuerzas, dejar a un lado la empatĂ­a  y darle vuelta a la hoja  sin absurdos remordimientos....

Llorando tu mal recuerdo

Esta noche pienso embriagarme entre canciones que no son de tu agrado que jamás escucharás, como sĂ­mbolo de mi triunfo como gratitud por estar ya lejos de ti. Siempre fuimos polos opuestos, no te gustaba mi forma de ser, de hablar o de vestir, y ahora que al fin puedo decir las verdades tampoco eras lo que yo esperaba, hiciste que hace mucho tiempo terminara  lo bonito que lleguĂ© a sentir por ti. Nunca me sentĂ­ por ti respaldada, protegida, amada o valorada, me dejĂ© sumir en un estado emocional  triste y miserable  por intentar tus expectativas cumplir. BrindarĂ© por esos momentos  que lentamente me dejĂ© destruir... por ti, por tus malas acciones, por tu abandono, por el mal que le hiciste  a mis mejores años  mientras ingenuamente  esperaba en casa, por ti. En fin, otra noche más llorando tu mal recuerdo... borrando tu imagen  y las huellas que en mi autoestima dejaste  a raĂ­z de ese cruel pasado de tormento. Dalia Hernández Derechos reservad...

Insomnio

Quise echarle la culpa al insomnio  por todas las cosas horribles  que en mi pecho sentĂ­a, quise desquitarme con la noche  por todo ese mar que me ahogaba desde los ojos hasta la garganta... PensĂ© que el maldito calor  era el culpable del pesar en mis ojos, este par de ojos echos nudo... y de las agujas que pican  dentro de las uñas... de la falta de aire,  de la ira que me pone intranquila... Pero la noche  y la voz de la razĂłn interna  saben la respuesta: No hay más culpable que tĂş. Dalia Hernández   © Derechos reservados Mayo/ 2024