Realmente quisiera llorarle a tu recuerdo
una gota de sal que lavara tu adiós,
que emanara lentamente de mi ojo
resbalando a mi mejilla izquierda...
Muriendo lentamente
en donde tengo el corazón.
Quisiera poder decir que me has borrado
la sonrisa de los labios,
que no duermo a causa
de lo mucho que he llorado,
que ya no sé si es invierno o primavera,
o si los charcos son de lluvia o son de llanto.
Quisiera regalarte
el más hondo de mis suspiros,
mis horas de congoja, melancolía y soledad.
Quisiera... Escribir sobre lo oscuro
que el día me parece,
que las nubes son aliadas
y el brillo del sol mi más grande enemigo;
que soy un ermitaño, que con nadie convivo,
que mi único consuelo es saber
que tu recuerdo está conmigo.
Lo siento si he roto tus expectativas,
si he dañado tu ego o destruí tu fantasía,
pues todo lo aquí escrito sólo existe
en tu imaginación y en la mía,
por ti nada siento, para bien ni para mal...
Desde el día de tu partida.
Dalia Hernández
Derechos reservados
2015
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