Ayer perdí mi corazón,
negro por la amargura y la tristeza.
Ya no tengo más con qué sentir...
Ya no tengo más en qué soñar;
me siento sola y desfallezco en la agonía
de haber perdido el corazón, que por ti latía.
Hiciste una promesa,
que tú mi corazón repararías.
Pero fue en vano todo,
llenaste tu boca de mentiras,
supiste envolverme en ellas
con un amor que por mí, jamás sentías.
Desde entonces, colgado en tu pecho
portas orgulloso un corazón inerte.
¿Estás realmente satisfecho?
Sólo recuerda que la vida no olvida,
que todo aquí se nos devuelve,
y que un día seré yo
quien porte al cuello un corazón.
Sí... Tu negro corazón inerte.
Dalia Hernández
Derechos reservados
2015
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