¡No me atormentes! ¡No mires atrás!
Que no te detenga la opresión
que dejas en mi pecho.
Que no te conmuevan mis penas
que ya nada valen.
¡No me toques!
Mi corazón seguirá latiendo
aún cuando la sangre en mis venas
ya no corra dentro de ellas...
Tan sólo con tu recuerdo basta.
Asà que vete tranquilo;
aunque el amor y el cariño que te tengo
me atormentarán dÃa y noche,
como si fueran una maldición,
o un karma...
O ambos...
Mi destino quedó anclado al tuyo,
tu recuerdo atado a mis memorias
y aunque huya al mismo fin del mundo
vivirás en mÃ, respiraré tu recuerdo
y exhalaré tu ausencia.
Dalia Hernández
Derechos reservados
2015
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